Ingeniería Marítima y de Costas

Hydroceanica: Ingeniería a los extremos

Los océanos se están asfixiando / Columnista invitado

Los mares del mundo, que abarcan tres cuartas partes de la superficie de la Tierra, están perdiendo oxígeno. Esta es una de las preocupantes conclusiones a la que llegaron investigadores del grupo Global Ocean Oxygen Network, creado en el 2016 por la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la Unesco, en un trabajo publicado en la más reciente edición de la revista -Science.

Recurriendo a una analogía, sería lo mismo que si nos anunciaran que el aire de la atmósfera terrestre está perdiendo oxígeno y nitrógeno, y llegando a niveles en los que potencialmente pueden afectarse la vida y la distribución de bacterias, virus, hongos, líquenes, plantas, animales y, entre estos, los seres humanos que habitan los continentes emergidos.


Esta -enfermedad- de los océanos se da tanto en zonas costeras como en mar abierto, y es producto, principalmente, de las actividades humanas, de la enorme cantidad de desechos orgánicos que estos arrojan y del cambio climático.

Costas de Australia, Japón, Sudáfrica, Portugal, España y, en general, las del norte de Europa y este de EE. UU. y Canadá, así como secciones en Perú, Brasil y Colombia, son algunas de las regiones que muestran niveles de oxígeno disuelto inferiores a 2 mg/L en sus aguas superficiales, cuando los valores ideales para la vida de invertebrados y vertebrados marinos deberían ser superiores a 5 mg/L. A ello se suma una capa ya reconocida de mínimo oxígeno presente a 300 metros de profundidad en el océano Pacífico e Índico subtropical.

Entre los muy serios problemas que esta dinámica puede traer a los ecosistemas marinos se cuentan las alteraciones en la distribución de los organismos, los cambios en la biogeoquímica de los océanos y sus sedimentos, la producción de más gases de efecto invernadero o GEI (como el tóxico óxido nitroso), la acidificación de los océanos y la asfixia y muerte de especies marinas sésiles y de baja capacidad adaptativa. Las costas colombianas no son ajenas a este drama, por los altos aportes de compuestos orgánicos y contaminantes que traen ríos como el Magdalena y el Atrato.

Se trata de un asunto que urge tomar en serio, dado que los reportes de Colombia al Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de las Naciones unidas ya arrojan evidencias puntuales de zonas temporales con hipoxia y tendencias a la acidificación.

Así las cosas, ya hay que olvidarse de que el océano es la cura de todo; por el contrario, estamos enfermando al doctor que puede, parcial o totalmente, curar los males ambientales del planeta.

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Nota tomada de: http://www.eltiempo.com