Ingeniería Marítima y de Costas

Hydroceanica: Ingeniería a los extremos

Los océanos se están quedando sin oxígeno

Un estudio liderado por el Instituto de Tecnología de Georgia demostró que en los últimos años, este importante indicador de vida se ido diezmando en todo el mundo.

La presencia de oxígeno en los océanos es vital para la vida en sus aguas. 

Piense en el río Bogotá. Piense en sus aguas perezosas, que se mueren estranguladas por los químicos, los colorantes, las heces fecales. Piense en cuál es el ingrediente que le hace falta para parecerse a esas aguas vigorosas que todavía albergan vida. La respuesta es muy simple: se trata del oxígeno, el elemento clave para que animales y plantas sobrevivan bajo el agua.

Por eso, un estudio reciente del Instituto de Tecnología de Georgia (EE.UU) preocupa: porque encontró que desde hace treinta años la presencia de ese importante gas se ha ido disminuyendo de forma sostenida en todas las aguas saladas del planeta. Llegar a esta conclusión no fue una tarea sencilla: se requirió que tres Universidades de dos continentes distintos se unieran y, financiadas por tres agencias ambientales estadounidenses, rastrearan la presencia de oxígeno el el agua salada.

Para escribir el artículo que finalmente se publicó en la revista Geophysical Research Letters, los investigadores desempolvaron documentos de hace medio siglo, buscando tendencias y patrones. Encontraron que la década de los ochentas fue cuando el oxígeno empezó a desvanecerse de los océanos. No es coincidencia que justo por esos años la temperatura de las aguas empezara su escalada, como consecuencia del cambio climático.

Las zonas en azul son aquellas en donde se ha detectado una baja concentración de oxígeno en los últimos 20 años. 

Uno de los profesores que estuvo metido investigando mapas e indicadores, el profesor Taka Ito, explicó que si bien el oxígeno presente en el océano tiene “propiedades dinámicas” y que debido a esto puede cambiar con los cambios de clima; es evidente que “el rango de pérdida de oxígeno que identificamos parece exceder el nivel normal de la naturaleza”.

Normalmente, el oxígeno llega al océano porque lo produce el plancton o porque las aguas lo captan de la atmósfera. Luego, las corrientes mezclan esa agua rica y superficial con las profundas y oscuras. Pero el calentamiento global ha hecho que las aguas de la superficie no puedan moverse tan fácil hacia abajo, donde aguas menos oxigenadas esperan esa bocanada de agua fresca. A eso se le suma el derretimiento de los glaciales, que son agua dulce y cuya presencia dificulta el proceso natural de la mezcla de aguas oceánicas.

De esta manera, el estudio se suma al enorme cúmulo de evidencia que demuestra que el cambio climático causado por el hombre sí es real. Y la consecuencia real y directa de este fenómeno es la afectación del hábitat de los organismos marinos. El fenómeno ha multiplicado el número de “eventos hipóxicos” en los océanos. Mejor dicho: ha generado la muerte o el desplazamiento masivo de peces, cangrejos y otros organismos a causa de la poca presencia del oxígeno en el mar.

La peor parte es que, de acuerdo con Taka Ito, “la tendencia de la caída del oxígeno es dos o tres veces mucho más rápida que lo que se había predecido”. Los datos recopilados por los investigadores demuestran que a mediados de la década del 2000 la tendencia se volvió “consistente y estadísticamente significativa”, especialmente en las aguas tropicales, en los márgenes orientales de los mares y en el Pacífico Norte en sus límites con el Polo.

Como todo en la naturaleza, este problema no está aislado, y el ‘efecto mariposa’ tiene mucho que ver. En un estudio previo, Ito y su equipo descubrieron que el aire contaminado con hierro y nitrógeno que llegaba desde Asia a las aguas del Pacífico tropical afectaba el ciclo vital del plancton. Al parecer, el exceso de estos compuestos en el aire en lugar de aumentar la producción de oxígeno de estos microorganismos, los puso en un estado vegetativo en el que cada vez producen menos cantidades del vital elemento.

Tomado de El Espectador

Por: María Paula Rubiano